Dos manos se estrecharon esa tan fresca tarde, decididas a alejarse de las tormentosas y polémicas sociedades para encontrar un lugar de paz.La mano de Ella era bastante pequeña y delicada a comparación de la de Él, la cual la cubría completamente.Él era un año mayor que ella, la amaba con todo su corazón, ella era la única persona a la que le contaba sus secretos, y nunca olvidaba mensionarle todo lo que le amaba.Ella era graciosa, contenedora, pegota, bella, para Él perfecta. Le encantaba escuchar sus reflexiones, y amaba su manera de pensar y hablar. Esa misma tarde, decidieron partir. Entonces llegaron a una playa, tan silenciosa, serena, iluminada. Solo se oía el píar de las golondrinas y el oleaje del azul mar. Sin separar sus manos se desprendieron de sus calzados y comenzaron a andar tranquilos por la espumosa agua. A los dos lesencantaba sentir en sus pies las frescuras de las aguas. Él dijo:_ Eres tu, solo tu y tu vida, nada más para hacerme feliz.
_ Me encanta que me digas eso, me encanta tu manera de hablarme, me encanta tu forma de ser... nunca te vallas, quedate aquí, y siempre conmigo_ le respondió ella abrazándolo.
En ese momento quedaron detenidos, callados, nadie más que ellos había allí. Él sentía la suavidad de la rubia cabellera de Ella en su cuello, y Ella la dureza del pecho de Él en sus mejillas. Nunca se habían sentido mejor.
_ ¿Puedo preguntarte algo?_ preguntó Él.
_ Lo que quieras_ conestó ella.
_¿Has podido encontrar paz? _
Si, la encontré. _
¿Se puede saber donde?
_ Ésta playa, me encanta ésta playa. ¿Y tu pudiste encontrar paz?
_ Si.
_ ¿Dónde?
_En ti. Tu eres mi única fuente de paz.
_ Ahh, pero...
_ Te amo._ y en ese instante pegaron sus labios, justo cuando el cielo se tornó de índigo a azul, y el sol tornaba al mar de una gama de colores rojos.
_ Por favor, tu no te vallas, deja que se vallan las palabras, pero tu, por favor, nunca te vallas...
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